jueves, junio 4

Otra vez Eusebio

Me encontró en la calle, quería hacerme preguntas de las que a uno le inquieta dar respuestas inmediatas. Llevaba un montón de palabras listas a apuntarlas en mi cuadernillo que llevo siempre en el bolsillo del pantalón. Cuando pienso en escribirlas, me provocan anotarlas en cada cinco o seis palabras, con tres puntos suspensivos, cómo si quisiera seguir dejando en el aire ideas muy propias de mí. Precisamente cuando salía de una tienda de libros. Tardó en dirigirme una primera palabra. Notó que tenía la cabeza gacha y extremadamente pensativo en mí andar ¿En qué piensas? Dijo, cuando levanté la vista para evitar chocarme con él. Le respondí con una mayestática mirada rabiosa como saludo. No quería yo perder la pista a la retahila de imágenes que imploraban ser descritas sin verbosidad con mis manos. Es cierto, tengo las manos desesperadamente impacientes por escribir. No sé por qué pierdo esa emoción gigantesca de escribir y escribir cuando salgo de una librería después de hora y media o más de revisar títulos, leer reseñas, escudriñar índices, mirar carátulas insignificantes frivolizando a autores importantes y enalteciendo a desconocidos famosos del momento. Quería mencionar a ese poco conocido transeúnte, que quiere escribir algo mío sin que la editorial Planeta mezcle con autores de moda y confunda la nueva vida loca que lleva la España trashumante de Zapatero, o que, Alfaguara carcoma mi nombre en ediciones pirata.
-Te he visto caminar así mucho tiempo, me preocupas ¿qué va ha ser de tu vida?
-Mi vida, uhm. Qué poco importa en este instante más que sólo a Dios. Sí, estoy solo. No porque alguien me dejase, si no porque quiero estarlo hasta que maduren mejor mis ideas.
-Entonces, eso, nunca ocurrirá.
-Puede que tengas mucha razón o tal vez, siga yo equivocándome para luego encontrar lo que buscaba. Es que, estoy siguiéndole la pista a ella. En cuanto la tenga, me mostraré de nuevo. O continúe dándome de bruces una y otra vez. Hasta de nuevo sangrar e intentar volver al Psiquiátrico. Hace 17 años que no visito aquel lugar. Sí, tenía trece la última vez que mamá olvidó recogerme de aquel lugar y regresar a casa andando tranquilo. Aquella vez no quise despedirme de nadie. El médico dijo que ya no tenía que volver solo, la próxima sería acompañado de mi madre. Nunca fuimos.

Seguimos caminando y llegamos a sentarnos en una banca de la plaza de armas para continuar acompañados de, un cigarro él, y yo una botella de yogurt. Había pensando no responder a sus preguntas de una vez sentados. Y me encontré algo emocionado por la buena disposición de su semblante y compañía al tornarse más interesante nuestro encuentro casual. Mientras el reloj de la catedral cuyas agujas de fierro oscuro aseguraban acercarse a las tres. El sol de la tarde abrigaba un poco mi vientre refrescado por el sabor a lúcuma de mi bebida. A veces es bueno callar, sentarse en un lugar como éste y mirar la gente vivir sus vidas en una tarde cualquiera. No te aflijas tanto con tu silencio. A tu edad quizá estuviese interesado en otras cosas, quizá los hijos, la esposa o mi obesidad jugándome malos ratos con el sastre. No entiendo por qué te matas de hambre por un libro. Mírate, tu flacura era de envidia, hoy es de lástima. Me pregunto de qué sirve conservar bajo tu cama setecientos libros, más de la mitad leídos y, otros olvidados por tus nuevas adquisiciones. Muchacho, el libro de la historia de tu vida está escrita hasta el prólogo y con algunas notas introductorias, el resto, te hace falta robustecerlo con páginas escritas con sudor, algo de lágrimas y, la misma sangre que lleva desde el principio. Entristecí al oír aquello. Quedé frío por un instante. Me descubrí tendido en el piso abandonado como un cuerpo de indigente asesinado por indiferentes miradas transeúntes. Alargué los brazos y luego mis manos cubrieron mi rostro, jugaba con mi vista con los dedos entreabiertos, intentando escapar del frío del viento, tapo mis orejas para no escuchar el trinar de las palomas. Sólo verlas volar enjaulando mi visión. Cuando me libere, volaré...

miércoles, febrero 13

Sin retorno

Qué decir acerca del año que ya se fue. Realmente queda mucho por escribir, (ése es mi sentido de fe en la vida). Antes, concebía el año nuevo, mejor, la medianoche de entre el último día del año y el 1 de enero el momento ideal para hacer balance de lo bueno y malo que hice y me falta por hacer, pero no. Luego decidí no ser un tipo light del montón, de esos que siguen las recetas de efemérides comerciales para que los demás le den visto bueno con tal de satisfacer su ego consumista. No. Opté porque cada nueve de setiembre sea un primero de enero que aguarda ser invadido por momentos decisivos en mi vida. Qué más da, tan poco me agradó tal asunto, pues esperar cada víspera de año nuevo (biológico) se volvía una antropófaga tortura inca de sabor agridulce. Las cuentas duelen, peor si recuerdas que las amortizaciones son punzantes para otros.

En fin. Cada loco con su tema. He de admirar cada vez con impaciencia infantil el amanecer del siguiente día para poder decir que no sobrevivo, ni mucho menos existo, ¡quiero vivir! Las recetas gringas y tradicionales me escaldan el cerebro, (jajá, cómo un nuevo disco de Arjona). Hum, las promesas. Carijo soy malo para cumplirlas. Ya nadie puede contar conmigo; cada vez que me fallan yo me vuelvo menos interesado en aquellos. Por un momento siento que pierdo el horizonte. Que las cosas que tengo siempre estarán conmigo, y la gente receptora de mis extractos de afecto, terminan por dudar hasta de lo que no pueda guardar en la memoria. Me he convertido en un espécimen con atributos de híbrido escolar y universitario por las noches. De día el trabajo se convierte en un tirano de ambiguos deseos. Hace tres días llegaba a pensar y decir esto: Ya dejé la lectura de novelas; leo manuales, revistas y a veces sólo duermo Es que dormir se me ha vuelto un vicio que va a terminar por colmar mi sensación de vivir cuando ando algo distraído. Pero esa celda ya no me gusta.

Hoy puedo presumir que me estoy enamorando nuevamente de la literatura. Ah la LITERATURA, fue la novia escolar que con cara de mojigata nunca me fue indiferente. Siempre me sonreía cuando la Maricucha (marihuana) no me visitaba. Cuando los amigos me aburrían con las mismos cuentos de aventureros a lo Sandokan. Cuando mamá culpaba al trabajo para no responder por mí ante el director del colegio, por mis días de inasistencia, por mis pésimas y mediocres calificaciones. O cuando a mis hermanas sólo les interesaba su vida personal y fregarme el día para expiar sus pecados ante mamá o mí hermana mayor.

Hablemos nuevamente de LITERATURA amigo mexicano, también he de ser más intimista contigo (me refiero a ser más sincero). Hoy es el primer día del resto de mi vida. He roto cadenas, abolido mi pereza y alimentado mi fortaleza de destructor para ser lo que quiero ser. Para vivir de lo que -estoy seguro- sé hacer. O tal vez, morir en el intento.

Amiga Sabinera, también extraño correspondencia contigo. Y, déjame decirte que casi estoy en tu misma situación… ¡Me estoy enamorando!

No puedo olvidarme de la Katirita que lucha por ser mujer en un mundo de bestias arrogantes. Aprendo de ella que la lucha por sí misma es más gratificante que dársela con los demás. Pero ojala descubra “mi Katirita” que la voluntad no lo es todo. (Schopenhauer -hay que admitirlo con humildad cartesiana- también te equivocaste).

No puedo olvidar a Alicia María ella es una musa en vivo y a todo color…

Tengo más que decir y hoy mi jefa se molestó por usar la máquina para asuntos que no son de la chamba… No importa… he vuelto… y eso me hace feliz.

Realmente soy de USTEDES amigos

Enzo

martes, noviembre 13

"Don Eusebio"

Su gordura es descomunal, sus pasos al caminar se afirman tristes y livianos por dos simples zapatos, que llevan en el interior extrañas suelas y plantillas hechas a base de felpa; cuyo cuero combina siempre con un maletín café, ambos, regalos de don Pedro P. Díaz. Nunca olvida llevar corbata y saco, las veces que no se los pone; le hace un tributo de grito silencioso a Fidel con la guayabera revolucionaria de una Cuba anquilosada en su miedo atemporal y, también el de siempre. Aunque, ya a medio día la corbata siempre está desajustada. Por la calle, la gente lo mira con graciosa hipocresía; los más pequeños le dan una sonrisa de maligna inocencia, las señoras de pueblo joven se regodean en el fuero interno de su ignorancia con adolescente maledicencia y, a las otras de ambiente in, les provoca recitarle la mejor versión de dieta americana o el cirujano plástico de mayor confianza y experto en tales menesteres, no sin antes, lamentarse por no ser demasiado prudentes con sus gestos evidentes de confuso asco y sorpresa.
Su nombre no importa, sólo a mí. Lo conocí en uno de esos días en los que inopinadamente por asuntos de mi oficio de vagocientólogo, toqué la puerta de su casa después de quedar absorto al mirar por la ventana de su sala: libros y libros. Tantos que, me provocaba una pena enorme si un incendio acabase con todos y yo no hubiera hurtado, al menos, dos ellos. Tiene una sonrisa exquisita, es cierto que, los músculos de su cara no le permiten ser más expresivo en momentos de quietud, pero, siempre su tez dibuja paz y alegría mientras habla. Rehuí ingresar a la casa. Lo poco que sé de él bastó para demostrar, sin exceso, mi admiración diplomática que aplico ante los individuos importantes de la ciudad (que se pueden contar como los dedos de una mano). Pensé que podría estar trabajando en alguno de sus proyectos de investigación antropológica, o quizá estuviese arremetido en la impronta descripción de alguna etnia preincaica en lugares alejados de ésta ciudad. Es que, no hay nativo más amante de su tierra que esté tan enamorado del hurgar en su pasado y el de todos, al menos en este rincón del planeta, únicamente él.
De lo poco que sé del historiador ya no importa. Es su presencia convertida en magnánima aquiescencia la que convoca contarles a mis lectores, el contenido del más mundano de los hombres sosteniendo a todos en su sólo cuerpo y paladar. Las comisuras de sus dientes revelan combates opíparos interminables en una juventud que ya resignadamente olvida. El erudito caballero no se esfuerza mucho en ser mi amigo y me convoca cada viernes a tener una disipante tertulia acompañados de café, no fuma al igual que yo, no por recomendaciones de oncólogo judío, sino por temor a que se nos quemen nuestros acompañantes albaceas de mentiras, medias verdades y una que otra versión de la Biblia editada en tiempos del virreinato, según él.
Este viernes -como todos- me obligo a llevar una botella de tinto sobriamente dulce, para; cubrir la mesa con algo que haga vernos la cara, hablar con los dedos, las copas con vino y los tallarines mezclados en ajo, cebolla, huevo y leche, aromatizados de orégano en la sartén, insinúen que somos los mejores “padre e hijo” que se odian mientras se alimentan, se aman mientras mutuamente nos volvemos a llenar las copas para champaña (a falta de las de vino), se respetan mientras uno escucha al otro y niegan su existencia cuando la noche acaba.
Olvidaste añadir el pimiento rojo. Y, la mantequilla que usas en vez del aceite tiene suficiente sal que no hace falta agregar más. Álvarez, te olvidas de muchas cosas y pretendes disimular qué poco me preocupo por lo que como, pero no. Hoy, terminas de malograr mi digestión al llamarme Eusebio que no me gusta, ¿qué clase de nombre es ese? No creo poder explicarle que, si mi padre estuviese vivo, contaría con la misma cantidad de horas y horas que sus narices respiran. Su mirada distraída mientras sorbe el vino es muy parecida a la de mi hermano mayor. Levanta más arriba el brazo izquierdo para darle al yaraví que suena en los pequeños parlantes empotrados en cada esquina superior de la sala, un tono acorde para la velada. El volumen de sus brazos desnudos ofende mi seriedad de monaguillo. Luego me mira con gesto de certidumbre. He notado desde el otro día, cuando visitamos la tienda de alquiler de películas que, tu rostro se parece al de algún muchacho de las carátulas de video, sí, he visto uno que recién acabo de recordar ¿qué dices? Mientras, pienso en responderle. Claro que sí, levanto mi voz de manera victoriosa, al de Rocco Siffredi, pero, luego mi voz se vuelve seca e involuntariamente digo, con un pequeño defecto. Me arrepiento de haberlo dicho y, él concluye ¿qué tan pequeño es? Cambia el estado de paciente espera con el de un mohín de catedrático conciliador. De todos modos eso ya no es para preocuparse, al menos a tu edad. Pocas veces me hacía sentir incómodo, creo que, esta vez no era una de esas, "aquello", en estos instantes no amilana mi ego imaginario de machito pipiléptico. Mis problemas de tal índole llevan a mi memoria buscar el día en que más me enfureció "aquello".

viernes, noviembre 9

Noticias

No quiero imaginar algo más, no puedo seguir siendo sincero y todo eso se vuelve demasiado falaz ante todo ser que me rodea. Había vuelto a pensar sin contar las horas en las que me dedico a existir. Todo acaba (ah, esa palabra “todo” me gusta mucho) pero el tumulto de personas que hacen un todo, me espanta. Mamá siempre me mira intrigada cada vez que pregunta si guardo basura en el tacho del baño o en mi habitación. Le respondo que no. Sin embargo tengo ese todo tan bien escrito que al final termina confuso en el agua del inodoro. Esa es una absurda manera de ahorrarse el papel higiénico, pero ¿no crees que es un tipo de medio ahorrativo?, es decir; en vez de gastar en papel en blanco mejor comprar un libro o libelos baratos para devorarlos sin remordimiento.

Acabo de tener una discusión con alguien que cada vez siente que le doy miedo. Me lleva veinte años, esa nimia diferencia se infunde en un abismal choque generacional que hace sin darnos cuenta pretender superarme y yo por estancarle, según mi arrogante suposición. No tengo títulos cómo él, no tengo camino recorrido ni siquiera a medias en cualquier materia estudiada en la universidad. No, no creo estar superándolo. Percibo que me tiene miedo por mi juventud más no por mi escasa e ínfima sapiencia. Se siente incapaz de discutir de literatura conmigo, él no sabe que me alimento de experiencia comentada o relatada con su actuar. No es un ejemplo idóneo pero, es el más cercano a mi círculo familiar que muestra mucho más defectos “humanos” y me encanta estudiarlo sin remordimientos.

He contado historias a mi trasero, por lo que me toca concluir. Contarle historias al mundo me parece pecaminoso si no destierro el residuo de inseguridad que me carcome ante la sociedad. Qué importa, todo sea por exprimir la naranja mecánica de mi cerebro. François Marie Arouet, es mi compañero de hazañas nocturnas después de reírnos con él y al lado de Donatien Alphonse François. Sí, para burlarnos y descubrirnos que hay un momento de nuestra existencia en el que el ser humano es el lobo que se disfraza de hombre para degollar a sus iguales.

Aquí, de nuevo solo, sesenta días después de llorar a Luciano y celebrar acompañado de Janis Joplin, pero no con un cigarro. Solitos, ella y yo. Recordando sardónicamente las veces que aún no la conocía y me encerraba en mi habitación, supuestamente para meditar, tapando las ventanas con frazadas, haciéndole el amor a maricucha con su vestidito de moño rojo para llegar a un paroxismo excitante acompañado de mi favorita de siempre: el Carmina Burana de C. Orff. Aquellos instantes in crescendo eran mi forma de sentirme cómo un héroe griego inmortal en plena batalla bañado de sangre y ejecutando al máximo enemigo, mi otro yo. Y ahora que, algunas veces pretende resucitar revestido de miedo cínico, me pide, que lo deje descansar. O que, vuelva a dejarme apresar.

Bolaño no me decepciona, me da mucha tristeza, sobre todo haber leído sólo un libro suyo. Y la más grande de las penas es que no volveré a leerlo dentro unos diez años. Lástima que muerto valga más que cuando en vida fue, será el mejor de su generación. Y sí, aún sigo soñando con los labios susurrantes de Norah sin llegar a eyacular en ellos…

Ah, de todas maneras Caracas (y otra ciudad) están en mi lista de itenerante necio...

domingo, septiembre 9

Wayki

Onqosqataqa kawsayta munasqanmi kallpachan, ichaqa, ¿pitaq kallpachanqa llakiq ñit’isqantari?

Proverbios 18,14


El 99% de ésta carta contiene tus palabras, frases y oraciones; el otro porcentaje, un breve homenaje para ti. ¡Ya sé! que no te gustan...


And I don’t even care to shake these zipper blues
And we don’t know
Just where our bones will rest
To dust, I guess
Forgotten and absorbed into the earth below
Double cross the vacant and the bored
They’re not sure just what we have in the store...
(1979 S. Pumpkins)

Feliz 28 hermano:

No, no es fiestas patrias, no es un motivo para celebrar poco y, mucho menos, demasiada angustia. Es hora de seguir con esto de hacer memoria, que la existencia del hombre se basa en recordar siempre lo que citabas de Alberto Guillén cada vez que estabas ebrio: “Soy un niño, es decir, un hombre en perpetuo trance de crecimiento”, que la madurez no existe, no somos un fruto fácil de llegar a su etapa más deliciosa, total, lo importante es saber degustarse a cada instante desde que se tiene un buen uso de la razón (lo dudo en ti). Eres un loco de esos que no piensa sino en sentir al mundo en su peor estado, orar por él y echarse sus problemas a la espalda…

Te quiero mucho amigo, para mí no vales nada, simplemente significas mucho; es la relación de entre lo que cuesta obtener y lo que se tiene sin gastar nada. Nunca te extrañaré (y vuelvo a recurrir a ti) porque sólo se extraña a quien se le debe. Y, tú eres parte de mí. Te llevo adónde no olvido que llego sin reconocerme en ti antes que a mí. Te amo hermano. Y he aprendido hacerlo porque tú me lo enseñaste con procáces charlas de arte. Sí, contigo aprendí que Fromm no se equivoca en mencionar que el amor no es un objeto que se busca para amar sino una facultad que explotar en mí, y, hacer de ello todo un arte. Que navegando en la cúpula de la catedral de “En busca del tiempo perdido” los hombres afirmamos nuestra valía existiendo por Dios y para los hombres por los siglos de los siglos. Es saber y comprender que eres un maldito genio que no se da por enterado a falta de coraje y decisión.

Veintiocho años, y para ti, mucho apuesto que, lo consideras como si fueran ochenta y dos. La vida y los hombres (los que nos rodean) nunca nos la hicieron fácil y tampoco lo harán. Recuerdo cuando el humo de marihuana te hacía recitarme frases de “La naturaleza de los dioses”, para notar que cada uno se vuelve un absurdo total pretendiendo ser lo que no puede sin mover un dedo y darse por enterado acerca de todo; “Ita est informatum, anticipatum mentivus nostris ut homini, quum de Deo cogitet, forma ocurrat humana”.

No es fácil retornar a la inocencia sin desnudarnos, olvidarnos de nosotros mismos sin ganas de encontrarnos, sólo olvidarnos. Mandarlo todo al Diablo y que Dios nos sostenga en nuestra levedad. Hay tanto por hacer y poco por respirar, todo deja de ser relativo cuando le damos al mundo una vuelta de tuerca más. Hermano, tu existencia hace más importante la mía. El dolor que alguna vez compartimos es ya humo y eso me hace feliz. Manuco, la vida aun no tiene definición, es cuando estamos muertos que recién tiene significado y más aun carece de él cuando no le das sentido. Sé que llegarás lejos, es hora que tus ambiciones retomen su personalidad, que les devuelvas la energía olvidada en tus raptos de ira y somnolente dejadez. Manuco, respira de nuevo el oxígeno que de niño inhalabas en tus gritos de cándida lucidez y genialidad. Hermano, estamos hechos para llorar y también para golpear. No te olvides de Nietzsche; destruye cuanto tienes en el camino y recrea el universo de la habitación de tu cerebro con tus propias manos.

No continúes mandando al desagüe tus escritos y tus sueños. Recuerda que eres libre (l’amuor est l’enfant de la liberté) que, amar y dar es la misma situación cuando haces uso de tu libertad. Que tu amor a los libros no opaque tu naturaleza de ser humano. Ya habrá alguna buena mujer que te cante a voz en cuello el salmo que entonabas el día de mi cumpleaños “eres hermoso el más hermoso de los hijos de Adán…” Y, aunque no me las menciones muy a menudo, recuerda, siempre estaré al pendiente. Aunque sé muy bien que en ellas no buscas inspiración pues, hermano ya dedícate a amarlas de nuevo.

Pues bien, te darás cuenta que cada una de éstas frases y palabras te las robé de cada carta que me enviaste. No sirvo para escribir aforismos cómo los tuyos, sólo hago a manera de recompensa, con muchísimo cariño, todo lo que expresabas en tus papeles de papel periódico por mis cumpleaños.

Hoy te están llegando un par de paquetes, en uno de ellos está la Biblia en quechua que me solicitaste, (el Corán aun no puedo enviártelo porque no he conseguido la versión que pienso obsequiarte), la mejor de las sorpresas es Los detectives salvajes de Bolaño, no la quise leer porque deseo que seas el primero en hacerlo, y por último el segundo paquete contiene los siete tomos de la obra maestra de Marcel Proust en la edición setentera de Alianza Editorial (ésta vez no la robé). Y te devuelvo el CD con el tema de Dvorak que tanto te gusta… Escúchalo por mí esta noche ¡Mejores regalos no puedes tener!

Siempre tuyo


Pericus



P. S.
Come away whit me in the night,
come away whit me
and I will write you a song.
Come away whit me on a bus,
come away where they can’t tempt up with their lies
I want to walk whit you...

Norah Jones


(This song is for you... And thanks very much to be for my best friend)

lunes, septiembre 3

Ccarichi

Señor Pedro R. A.

Qué puedo decir al respecto, no hay ánimo alguno en mí cómo para poder hacer una carta de desagravio. No hay respuesta en contra de la sinceridad manifestada en tu incontrolable malestar por mi situación actual. Entiendo que otras personas te mantienen informado, o, al menos me has hecho notar que utilizas recursos que desconozco para que hayas acertado en mis desavenencias emocionales. Probablemente me queda nada más que confirmar algunos detalles descritos que fueron soterradamente anotados para sorprenderme y desempolvar antiguos deseos y sueños que no pude satisfacer o, dejé de hacer. Quiero creer que ésa es tu intención. Pero hermano, hay formas más inteligentes para llamar mi atención.
Suelo ser demasiado cobarde para cuando advierto que intentan desvelarme. Soy el hombre sin atributos, que Musil aprisiona y ahorca que, pretende liberarse y desprenderse de su pasado siendo generoso con todo cuanto me rodea. He empezado a ver al mundo con otros ojos. Habito en un mundo infantil donde el más grande y viejo ser humano de los hombres se resguarda en mi cuerpo. Veo a todo hombre y mujer cómo niños indefensos o aparentemente demasiados seguros de sí mismos sin arrobarle a mi capacidad de asombro que no son a ellos a quien temo sino a mí mismo cuando cierro los ojos. Me abrazo de las horas para contarle al papel en blanco que me espera en mi mesa de escritorio que soy el único con el que cuenta las veces que ya no siento nostalgia por no ser cómo el de antes. Me descubriste y sólo caigo en la cuenta que he de formular o retomar planes que aun, estoy seguro, puedo ejecutar.
Me hizo sonreír de nuevo el comentario aquel el de regar la chacrita del profesor Gutiérrez en su curso de Biología. De amor hoy no puedo discutir, ni quiero. He de cumplir a cabalidad con la promesa de mantener al día este blog. Tus arremetidas, espero sean una excepción que se disipen lo más pronto.
Ya no creo que el pasado nos condene. Hay un momento de reivindicación -si es que se presenta la oportunidad- para si no ocultarlo entonces enfrentarlo y convertirme en el verdadero hacedor de mis circunstancias.
Sigo esperando el libro del Corán con anotaciones que me prometiste hace un año. La versión que tengo no me satisface, me parece incompleta al no contener pies de página o comentarios que me hacen entenderlo mejor. Empieza a no gustarme hacer esto -lo de escribir cartas abiertas-, te sugiero que vuelvas a permitirme acceder a tu lista de contactos para tu correspondencia electrónica.

P. S.
También te quiero...


Manuco

viernes, agosto 31

Setiembre angosto

Mi queridísimo Manuco:

He escrito cosas que me parecen necesarias mencionarlas, perdóname por ser franca y directa pero ésta vez sí me comporto cómo el amigo que tú quieres que sea, directo y, sin pelos en la lengua.
¿Recuerdas las veces en que competíamos en lanzarnos del techo al piso con adoquines resbaladizos? O, ¿del triciclo de verde brillante que nunca nos dejabas montar? Sé que no es fácil mandar a la mismísima mierda todo lo que pasó en el Chávez de La Rosa. Porque, de algo estoy seguro, allí vivimos lo mejor de nuestras vidas. Las noches de lluvia que disfrutábamos en el patio rojo, resbalándonos hasta que el cansancio o, la llamada de ir a dormir nos hicieran terminar un día muy feliz. O cuando te jodía a media noche para dormir juntos en tu catre porque el cuco nocturno hacía que mojara mi colchón por no atreverme a pedir permiso para ir al baño a esa hora. Nuestras visitas con el loco Máximo al Moisés Heresi. Me sigo preguntado, por qué miéchicas te llevaban más a ti que al mismo loco, si era el que a cada rato se rayaba peor que gata en celo. Por cierto ¿sigues golpeándote la cabeza contra la pared cada vez que te sientes solo? Si es así, tu regalo de cumpleaños será un casco de aviador de avión supersónico pintada con los colores de la bandera iraní.
No te entiendo, en nuestra última entrevista sonabas algo ilusionado con tu nueva pretendida, suerte que al menos la ví a la distancia antes de volver a Limón. Sin duda tiene rasgos sensuales en su rostro, lo que me incomoda es su color de piel no sé si era entre morena o trigueña con fiebre. Era creo como el de una vedette de periódico chicha (no te ofendas caramelito, solo anoto acerca de su apariencia) parecía estar bien dotada físicamente, claro (no quiero ser sarcástica) aunque si le falta algo de porte. Y ya me puedo imaginar las razones por las que no quiso continuar con tu jueguito.
¿Qué, sigues solo? ¿Hace cuánto que andas solapa? Me empiezas a preocupar Manuco, y ésta vez muy, muy en serio. Y no me parece buena idea que así te sientas mejor. Llevo la cuenta del tiempo desde que terminaste con la francesita. A ver, hum, sí, son siete años o más. Fuiste malvado cuando te enteraste que no quería continuar la relación por culpa de no tener las putas ganas de vivir en Arequipa y más, aún si tú no centrabas tu vida, o al menos fijar tus objetivos a largo plazo. Siempre fuiste un ridículo irresponsable en todo.
Hermano, es hora que pongas las barbas en remojo. Deja tu vida de monje contemplativo. Pronto rayarás los treinta y sin flaca, cómo que la nota no se ve bien. A mí me preocupa. Es hora que eches al olvido tu vida ascética, ya no fumas, esto por compromiso con tu salud, jiji, no chupas, no te tiras tres polvos al hilo los fines de semana con la novia de turno, no sales de tu casa, solo los libros y el trabajo. Supongo que las cuatro noches que pasamos juntos en abril realmente fueron las últimas de nuestras vidas con Maricucha. Volamos y volamos, menos mal que ya no nos llama la atención de inyectarnos o hacer encurtidos en botellas de viejos vagabundos. Al menos, en algo hemos cambiado, qué digo; cambiamos un montón, pero tú más, mucho más. Hermano, es hora que te vuelvas a las calles tras unas faldas, te diviertas en las discotecas, es hora de que no sólo te enamores, afana a una flaca cómo solías hacerlo en la época del colegio, no sé, Manda chocolates de la Ibérica a una que te parezca pintona, por ejemplo a la flaquita que trabaja frente a tu chamba. ¿Hace cuanto que no le “riegas la chacrita” a una hembrita? Y no nos vengas (a ti y a mí) con el cuento de irte de putas, porque sabes bien que el que se tiraba las putas era el finadito César y tú sólo le dabas al trago y hablabas y hablabas con ellas y nos metías el cuento que te daba miedo contagiarte alguna enfermedad venérea, Por la puta madre, tanto libro tal vez te haya vuelto cojudo crónico. Creo que tu tributo a él ya se terminó de pagar. No quiero abrir heridas viejas, pero, me cago de rabia al escuchar siempre esa excusa o, que desde su accidente que lo condujo al nirvana, también chocó con tu ritmo de vida. ¿Por qué hermano? Ya pasaron ocho años y algunos meses desde que él ya no está con nosotros y, hermano la vida continúa. Lo único que se le puede agradecer es que no te hayas vuelto un alcohólico y adicto de primera. Y, ahora sí le doy razón a tu problema con la misoginia, tus bronquitas con la Malu tienen un telón de fondo algo serio. Sé que no te agrada la nota del feminismo y que ella te toma como un pendejo-cojudo machista, cosa que a mi parecer las que tienen el sexto sentido (digo, las que sí nacieron como mujer) más agudo casi nunca se equivocan (en un 99%). Lo único que hiciste desde que te dejó E. es vengarte de ella en cada una de las chicas que ibas conociendo incluida la francesita que culpa no tenía. Pensar que la mademoiselle te aguantó todo hasta que la ahuevaste y se mandó jalar a las Europas definitivamente. Que teníamos a penas veinte y ya lo habíamos aprendido todo antes de salir del colegio. Pero, César truncó al salvaje y desadaptado social que había en ti con su viaje al más allá. Sé que, no eres un retrógrada machista, tu lema para responder eso desde los nueve era “machista es el hombre que delante de una mujer (en sus cinco letras) se siente inferior”. Algo que te enseñó tu hermana. Tal vez Malu sigue cargando rabia ante cualquier respuesta negativa que compromete su femineidad o su afán de libre pensadora, no sé. Hermano, en esto me limito en repetir lo que Charly García dice de “mujer castrada”. Soy algo instruido y tampoco le doy crédito al asunto de Freund con el cuento de que las mujeres se sienten castradas y por eso se comportan así. Tal vez, García se refiera a las mujeres que intentan llevar al extremo una imitación de vida de macho sin darse cuenta que eso no es necesario para mostrar lo que realmente son. Bueno con esas vainas no me llevo bien. Sólo sé que tu sentido de tolerancia me divierte, ah, si Malu supiera que nuestras mejores amigas fueron (y algunas siguen siéndolo) promiscuas, prostitutas y lesbianas (hubo mucho de ellas que me gustó de la forma en que aun no te puedo explicar) demasiado inteligentes para llegar hacer lo que hacían sin importarles que sus viejos pagasen la pensión de la universidad creyéndolas de “buena familia”, Jiji. El oficio más viejo fue y es el más respetado por nosotros dos y eso tú si lo puedes explicar mejor…
Ayer visité el pozo de los deseos de santa Rosa, nunca me olvido de ir por allá, Mientras, en el Limón de cielo panza’e burro siguen más frías sus calles. La gente empieza a sentir menos miedo por lo del terremoto. El negocio en la Disco va más o menos. Tú sabes cómo es Comas, su gente sabe cómo divertirse y espero que este fin de semana lo hagan como siempre.
No te mando besos pero, recuerda que te quiero.

Pericus

P. S.
Recuerda chico pito, necesito noticias tuyas porque siete años sin hacer el amor inequívocamente afecta la salud. Te recomendaría algunas chibolas traviesas que no les importaría hacerte el tratamiento de exorcizarte si te das una vueltita por Limón y así dejes de ahorcar al ccalacunco. Jiji.